Olvídate del restaurante esta noche y prepara un pequeño pícnic en el balcón. Baja una manta, dos platos, lo que encuentres en la nevera que combine bien con pan y queso. Enciende una vela si el viento lo permite. No se trata de la comida, se trata de sentarse bajo y cerca, mirando la calle o el cielo en lugar de una pantalla.
Cómo hacerlo: elige una noche sin planes, siete minutos para preparar, una sola regla —sin teléfonos sobre la manta.