Comiencen en la Jaffa antigua cuando los callejones todavía están tranquilos, café en la mano, gatos observando desde los alféizares. Al mediodía vayan al mercadillo por hummus en un mostrador simple sin letrero, el que los locales juran que es el mejor. Recorran los puestos un rato, sin necesidad de plan. Cuando baja el sol, caminen al puerto y dejen que el cielo se tiña de naranja sobre el mar. Siéntense cerca. Nada que hacer más que mirar.
Un momento…