Olviden el menú planeado. Elijan un plato que ninguno haya hecho antes y cócinenlo juntos, cuatro manos en la cocina, dos con la música. Alguien cortará mal, alguien adivinará la especia, y eso es lo divertido. Coman lo que prepararon, aunque sea un poco extraño. La comida importa menos que las risas que provoca. Dejen el desorden para después y las historias para siempre.
Un momento…