Ronen y Maya establecieron una nueva regla: sin teléfonos en la mesa del viernes, solo huevos, café y lo que se les pasara por la cabeza. Primera semana, silencio. Segunda semana, Maya admitió que había estado ensayando qué publicar sobre los huevos. Ronen se rió tan fuerte que derramó el café. Ahora el brunch significa conversación de verdad, refills, y una broma que no termina: quien intente agarrar el teléfono tiene que lavar los platos. Las manos de Ronen nunca han estado tan limpias.
Una pequeña historia inventada.